jueves, 3 de marzo de 2011
Un paseo por la guardia
El embole es importante. La guardia del Hospital Padilla en San Miguel de Tucumán explota debido a la cantidad de gente. La "inversión" se hizo, por supuesto, en infraestructura; se agregaron consultorios, se amplió el Shock Room, el playón para el ingreso de las ambulancias es enorme, hay aire acondicionado, muchos más bancos, mayor espacio para que todos se manejen mas cómodamente y, sin embargo, ¡La guardia explota de gente! Pero claro, de recursos humanos ni hablar, hay presupuesto para las licitaciones de la construcción, ahí donde todos pueden prenderse; pero más médicos ¡Nunca!, más enfermeras ¡Jamás!, más personal administrativo ¡Ni siquiera pensarlo!. Encima a mi se me ocurre venir vestido como para atender, justo hoy que no me toca guardia, se me ocurre venir con el ambo puesto y la mochila cargada. Es entonces cuando me doy cuenta que para lo único que sirve el nuevo Servicio de Guardia, que lo único que lograron con tanta alharaca es un mayor amontonamiento de gente; de gente enferma, de gente irascible, de gente dispuesta a todo para recibir un poco de atención y consuelo. Atención y consuelo que, al fin y al cabo, son sus derechos. ¿Y saben como de doy cuenta de eso? Me doy cuenta cuando recibo las quejas (léase puteadas) porque supuestamente no estoy haciendo mi trabajo, porque esa pobre gente irascible supone que yo, un simple estudiante de medicina que entra a la guardia por el placer del aprendizaje y la adrenalina de la experiencia que uno puede recolectar en la emergencia; estoy obligado por un juramento, que todavía no tomé, a vivir por y para ellos, a su servicio, en pos de su salud, remediando todos y cada uno de sus pesares.
Es ahí donde me invade la duda y decido entrar, un poco para evitar recibir las quejas (léase, nuevamente, puteadas), otro poco porque amo mi profesión o, más bien, mi futura profesión pero más que nada porque quiero responder a la pregunta que me acongoja desde el primer insulto ¿Dónde están los médivos o, si están, que están haciendo que no atienden a todas estas personas que están esperando?
Adentro de la guardia me encuentro con un paronama desalentador, no veo médicos; veo solamente un par de enfermeros que al parecer discuten quien se hará cargo de la curación del señor que está en el box 12. Sigo mi camino buscando a los doctores mientras en los pasillos me asalta gente casi tan desesperada como la de afuera, "no hay escapatoria" pienso para mis adentros.
Llego a la Sala de Médicos y me encuentro a una sola (y hasta me atrevería a decir pobre y miserable), doctora. Formulo la pregunta que me carcome y la respuesta que recibo es devastadora. Hay dos médicos clínicos de guardia: uno está durmiendo, el otro es ella y debido a la responsabilidad burocrática que la compele, en vez de estar atendiendo a los pobres infelices que afuera la esperan, se ve obligada a completar las planillas de ingreso de los pacientes a la guardia a través de un estúpido sistema de inentendibles códigos y luego debe traspasar esa información a al historia clínica de los pacientes para el archivo del hospital. Entonces pienso en lo sencillo que se tornaría ese trámite con una base de datos bien organizada y que pudiera tener una historia clínica única, pero para eso no hay dinero disponible. La segunda parte de la respuesta me indigna aún más: todos los cirujanos, es decir, los dos jefes de residentes, los dos residentes de tercer año, los dos residentes de segundo año y los dos de primer año ingresaron a quirófano hace quince minutos con vaya a uno saber que emergencia ni operando que cosa ni cuanto tiempo se van a demorar, porque es tal la incomunicación entre las especialidades que si no tuvieran que compartir la Sala de Médicos desconocerían la existencia una de la otra y viceversa. Pero hay más: los neurólogos y los traumatólogos, ambos grupos increíblemente irresponsables, se encuentran TODOS cenando "como si tal cosa", cuando la mayoría de ellos no hace mas de dos horas que ingresaron a la guardia. Hay cosas que puedo entender, que uno de los clínicos, que lleva algo mas de 24horas de guardia descance un poco no me parece ni raro ni descabellado, a fin de cuentas en sus manos se pondrá la vida de muchos de los (im)pacientes que esperan afuera; que todos los cirujanos estén en el quirófano es levemente perdonable, en último término solo dos de ellos están certificados y los demás están aprendiendo como hacer su futuro trabajo.
En cambio, hay cosas que son imperdonables: me parece de muy mal gusto la actitud de neurólogos y traumatólogos, esto es todo lo que diré respecto al tema porque es, aún, de peor gusto referirme a mis futuros colegas con los improperios que en este momento se cruzan por mi cabeza. Pero lo que más me choca, lo inconcebible, lo inaguantable, lo más insultante de todo es la ausencia de personal capacitado para realizar la tarea que el médico está realizando, esa tarea burocrática, el único médico disponible para atender a la masa de (im)pacientes que están fuera. La única persona que se encuentra entrenada para aliviar la Sala de Emergencias, eso si es realmente indignante; antes de vomitar del asco que me produce la situación salgo de la Sala de Médicos y sigo recorriendo la nueva guardia del hospital.
A medida que avanzo por los pasillos, recorro los nuevos boxes de internación que, a pesar de ser muy bonitos y tener nuevos azulejos, nuevas camas, nuevas sábanas; siguen siendo el lugar donde se colocan (porque no se puede decir que internan) a aquellos que "están pidiendo pista", entonces la vista sigue siendo igual de deprimente, más estética hay que reconocerlo, pero igual de deprimente que en la vieja guardia. Luego regreso al Shock Room y también me percato de que a pesar de las nuevas dimensiones, a pesar de las camillas nuevas, de los nuevos azulejos, de los nuevos pies para los sueros; el olor a sangre, a orina y a todos los fluidos corporales que uno pueda imaginar sigue siendo el mismo; la gente que arriba a la guardia sigue
siendo siempre la misma; el dolor de los que allí yacen sigue siendo el mismo; redescubro, a fin de cuentas, que esta sala sigue pareciendo un campo de batalla, más grande, más chic, pero con el mismo o, más bien, los mismos clichés que antes.
Así que, más decepcionado y abatido, decido salir al playón de las ambulancias. Elijo seguir recibiendo las quejas (léase por última vez puteadas) de la gente que afuera seguirá aguardando quien sabe cuantas horas más, que alguien alivie su dolor; el dolor individual que para cada uno de ellos es el dolor más grande, tal vez, el único dolor.
Afuera espero a César, el chofer de la ambulancia que me va a llevar a mi destino. sigo pensando en todo lo que acabo de ver, en como la miseria sigue siendo la misma a pesar de las comodidades; pienso en lo que mal que se administra el enorme presupuesto de la Salud Pública, en lo desvirtuado del sistema, en la subvaluación de mi futura profesión. César llega y me saca por un segundo de mis cavilaciones. Subo a la ambulancia y empredemos el camino.
Mientras nos dirigimos a Simoca sigo teniendo la imagen de la guardia en mi cabeza. Llego a algunas conclusiones:
1- El problema del funcionamiento, de la falta de recursos humanos, de la carencia de insumos, no pasa por quienes nos gobiernan solamente, sino también por quienes hacen el trabajo, por esos médicos inescrupulosos que siguen en el hospital sin ganas de laburar, por la falta de incentivo para los que si quieren trabajar y por la escasez de conocimientos de los (im)pacientes que, al parecer, suponen que los médicos no son seres humanos.
2- Mi futura profesión ya me está haciendo feliz, me va a seguir haciendo feliz. Amo el hospital. Amo la guardia a pesar de las insalubres condiciones en las que se trabaja. Amo la envestidura con la que puedo llegar a las personas, la magia del ambo, el guardapolvo y el estetoscopio que me ayudan a generar, aunque sea, un pequeño cambio en la mentalidad de las personas.
3- Por último, pero no por eso menos importante, desde mi humilde posición tengo que aportar, tengo que hacer algo para que esta situación sea distinta, tengo que poner en marcha todos los mecanismos que estén a mi alcance. Todavía no se como. Algo se me va a ocurrir.
Para terminar, están todos invitados a ayudarme.
Mañana habrá otra guardia.
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